Todos tenemos derecho a nuestro metro cuadrado. Es lo que me dice siempre un buen amigo. Porque a veces la vida nos plantea situaciones en las que nuestro espacio desaparece. Está invadido. Ya no es nuestro. Por circunstancias ajenas, por deseo de otros, por nuestra dejadez….Pero lo hemos perdido, y con el, nuestra capacidad de pensar y hacer por nosotros mismos.
Estos días me quedo atónito ante las imágenes de miles de personas chinas hacinadas en los trenes, rumbo a sus orígenes. Me asombra, casi me asusta. Desconozco su cultura, pero ante terribles nevadas se ven afectadas 104 millones de personas. ¡Como suena! Y me pregunto, ¿qué será del metro cuadrado de cada uno de ellos?
Nos diluimos en situaciones o relaciones que provocan pérdida de la individualidad. Se puede dar la situación de vivir incluso a la “sombra de”, de una hipoteca, de una persona, de un trabajo, …a saber. Cada cual con su sombra. Y la sombra es bien necesaria a veces, especialmente en el sur cuando en pleno verano el sol pega, y pega. Pero el sol marcha, no dura todo el día. Hay momentos para todo, como hay etapas para todo. Es más fácil vivir sin ser conscientes que estamos invadidos, que hemos perdido individualidad, que serlo. Porque cuando eres consciente entras en conflicto, y todo se complica. Por eso hay tantas personas que viven tan felices, sin plantearse ni su metro cuadrado, ni el de los demás. En China estos días no tienen más remedio que invadirse unos a otros, desgraciadamente. Aquí no. Nosotros no.
Reclamo el metro cuadrado para todas las personas, estén donde estén.
